• Fecha: Jun 20, 2011
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La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) determinó que ningún correo electrónico interceptado sin autorización judicial podrá ser aceptado como prueba en un juicio, ni tampoco el contenido de la información, porque transgreden el principio de inviabilidad de las comunicaciones.

La Primera Sala de la Suprema Corte resolvió lo anterior tras revocar la sentencia de un Tribunal Federal de Toluca, que admitió como prueba 300 correos electrónicos, en un juicio de divorcio, a través de los cuales un hombre pretendió demostrar la infidelidad de su esposa.

Por unanimidad, los ministros resolvieron que la prueba es ilícita ya que existen límites sobre el derecho de inviolabilidad de las comunicaciones y las comunicaciones privadas son inviolables, por lo que deben ser respetadas por autoridades y particulares con independencia de su contenido, e incluye todas las formas de comunicación que tengan los avances tecnológicos, indicó el ministro Arturo Zaldivar en el proyecto que fue aprobado como sentencia.

«Se entenderá que un correo electrónico ha sido interceptado cuando se ha violado el password o clave de seguridad, sin autorización judicial o del titular de la cuenta, o cuando dicha autorización ya ha sido revocada», destaca la sentencia.

Los ministros indicaron que la protección constitucional incluye el proceso de comunicación, así como del contenido de la misma tales como el número telefónico, la duración de una llamada, la identidad de las personas involucradas y en el caso de los correos electrónicos la dirección de protocolo de internet.

La secrecía de las comunicaciones persiste aun en cuestiones de índole familiar, y ese derecho subsiste entre cónyuges, por lo que los 300 correos aportados no deben surtir efecto alguno como prueba porque resultaron de la violación de los derechos fundamentales de la esposa.

Como excepción la Suprema Corte estableció en materia de derecho familiar la intervención de las comunicaciones cuando se trate de la protección de los intereses de los menores de edad, y sean los padres quienes lo hagan.

Fuente: El Universal / Doris Gómora

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