• Fecha: Jun 20, 2011
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b:secure MagazineSe dice desde tiempos inmemoriales que el bien y el mal deben coexistir para que exista un equilibrio en la tierra, incluso en la biblia y otros textos religiosos se reconoce esta situación de bipolaridad. Sin embargo, el problema radica en identificar si el lado en el que creemos estar es el correcto.

El 11 de septiembre de 2001, el mundo entero se estremeció al presenciar uno de los actos terroristas más impactantes y trascendentes de la historia, se trataba de un ataque perpetrado por la organización terrorista al-Qaeda cuyo dirigente, hoy ya occiso, era Osama Bin Laden. Durante décadas, Bin Laden dedicó sus días, recursos económicos y energía a entablar una guerra santa, la famosa “Yihad”, contra Estados Unidos, por considerarlos unos saqueadores de las riquezas del mundo musulmán y por incitar a los enemigos del islam a atacar territorios del medio oriente. Bin Laden justificó cada uno de sus ataques, por sangrientos que estos fueran, como una respuesta justa a las agresiones previamente sufridas y enarbolando el estandarte divino al considerarse un enviado de Alá.

Todo parece indicar que esta encomienda vio su fin el primero de mayo de este año, cuando el gobierno estadounidense en voz de su presidente Barack Obama declaró haber asesinado a Bin Laden en un operativo militar. Pero contrario al pensamiento simplista de creer que: al cortar la cabeza el resto de animal muere, la realidad es que con o sin su líder el concepto de terrorismo está lejos de desaparecer e incluso ha comenzado a evolucionar hasta llegar al mundo de los bits y bytes del ciberespacio.

Basta con ver que en los últimos años los ciberataques han dejado de ser un asunto inminentemente económico y se han transformado en operaciones sofisticadas con blancos específicos y motivos diversos. Así pues, ya no se trata de robar datos financieros y vaciar cuentas de banco, ni de cometer fraudes millonarios, se trata de extraer información sensible y confidencial, se trata de extorsión, de bloqueos, de poner en tela de juicio la reputación de grandes empresas, de demostrar quién puede más y de manifestar ideas de manera radical.

Sin duda alguna ataques de grupos terroristas tales como al-Qaeda o ETA han sido impactantes a los ojos de la humanidad, pero en proporción no se comparan con la fuerza y alcance que podrían llegar a tener los ataques informáticos terroristas por simple lógica.

No es de extrañar, que en medio de esta transformación, un concepto como el ciberguerra (acuñado desde 1999) comience a tomar forma y fuerza en las mesas de discusión y análisis de gobiernos y organizaciones de todo el mundo. Lo que era un tema para los libros de ciencia ficción hasta hace unos años, hoy es una preocupación a nivel global. Y no se trata de un ciberguerra bajo el entendido de ataques bélicos contra alguna nación a través de internet, pues desde el año pasado hemos apreciado como la palabra ha comenzado a desarrollar más tintes y claro oscuros de los que alguna vez pudimos haber considerador.

Por ejemplo, el año pasado con motivo del apoyo a Julian Assange el creador de WikiLeaks, se formó la primera guerrilla informática, oficialmente reconocida a nivel mundial, quienes haciendo uso de sus conocimientos y capacidades técnicas orquestaron diversos ataques a empresas privadas y gobiernos internacionales. Una guerrilla denominada como Anonymous, cuyos orígenes inciertos datan desde 2008 y que a la fecha cuenta con más de una veintena de ciberataques alrededor del orbe contra blancos tan diversos como los gobiernos de Egipto, Turquía e Iran, y empresas y organismos internacionales como Sony, HBGary Federal o la misma Asociación de la Industria Americana de la Grabación (RIAA, en inglés)

Un movimiento en internet que ya se hizo presente en México a través de Operación Tequila (Operación México), e incluso ha dado pie al surgimiento de nuevos grupos de hackivistas en la red como LulzSec, quienes en su carta de presentación presumen el hackeo y exposición de información confidencial de firmas como PBS, Sony y empresas afiliadas al FBI.

El problema aquí es que estamos de nuevo ante la presencia de una lucha del “bien” contra el “mal”. Las personas detrás de Anonymous dicen estar actuando como un movimiento social en pro de la humanidad y sus derechos, no obstante ya han causado pérdidas millonarias y el desprestigio de diversas empresas como es el caso de Sony, incluso causando temor en los usuarios de la red social de esta empresa, quienes al principio sintieron descontento por no poder acceder a jugar en línea y ahora temen por la fuga de sus datos personales e incluso financieros.

Mientras los dos lados de la moneda consideren estar del lado correcto, estas luchas terroristas en el espacio físico o en el cibernético dejarán víctimas inocentes a su paso, sin llegar a una conclusión del tipo ganar-ganar para ambas partes.

Ahora que presumiblemente ha muerto Osama Bin Laden, la pregunta que queda en el aire es ¿Quién ocupará su lugar ya sea en el ciberespacio o en mundo real?

Fuente: b:Secure Magazine / Cynthia Solís

Cynthia Solís es experta en Derecho Informático y Derecho de la Innovación Técnica. Ha trabajado en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión de 2000 a 2003, despachos corporativos y en el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial. Es co-fundadora del despacho boutique especializado en la materia LexInformatica, presidenta fundadora del capítulo mexicano de la Asociación Civil Internacional AGEIA DENSI y conductora del programa Legal Friday’s. Síguela en @cynsol

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