• Fecha: Ene 04, 2009
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El acoso sexual en el Metro ya tiene una nueva modalidad. Desde el cumplido, como “me gustas mucho, te invito un café”, hasta fotografías pornográficas, llegan ahora por archivos vía bluetooth desde teléfonos celulares.

Enviados por personas que se ocultan entre los pasajeros que utilizan su teléfono celular mientras viajan, los mensajes llegan insistentemente haciendo sonar o vibrar los aparatos que identifican por su cercanía.

Pasajeras que han sido víctimas de este nuevo tipo de acoso describieron el modus operandi de quienes lo cometen.
“Mientras esperaba el tren en el andén de la estación Hidalgo estaba escribiendo un mensaje. Cuando llegó el Metro, se abrieron las puertas y entré. Después me llegó una solicitud para recibir un archivo y por curiosidad lo acepté”, contó Susana.

La sorpresa fue “muy desagradable”, dijo, cuando observó que era la fotografía de un pene erecto. Enseguida la eliminó, pero de inmediato le llegó otra solicitud, esta vez el que enviaba era “El Penetrador”, según apareció la identificación en la pantalla de su celular.

“Levanté la cara para identificar al chistosito que estaba haciendo eso, pero había como cinco hombres en el vagón, todos clavados en su celular, quién sabe quién habrá sido”, dijo. Entonces optó por apagar su teléfono hasta que bajó de la estación.

Los comentarios de este tipo de acoso en el Metro ya se leen también en blogs en internet. Diana, una joven estudiante, escribió que cuando su teléfono sonó, “sin pensarlo, acepté la solicitud”. Al abrirlo, el mensaje decía: “Hola preciosa me gustas tanto k me gustaria invitarte un cafe”.

Seguido del mensaje, recibió imágenes con “corazoncitos, rosas, ositos” y frases como “te amo”, “eres especial”. Sin darle importancia, borró los archivos.

No pasaron más de 10 minutos, cuando otra vez llegaron los mensajes, se sintió observada, al verlos por curiosidad, se dio cuenta de que los textos subieron de tono y llegaron a la amenaza: “Sé quién eres”, “Sé que vienes sola”, “ya te había visto antes”, “te deseo”. Entonces, desactivó el bluetooth. “Al principio me atemorizó, en ningún momento me sentí halagada, después me molesté y me bajé de ese tren mientras me aseguraba que nadie más se hubiera bajado conmigo”.

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